miércoles 20 de abril de 2011

-0.9. Muy dentro de ti.

En julio de 2007 trabajé como asistente de investigación en un programa televisivo. La historia es algo triste, así que mejor olvidamos los detalles y nos concentramos en este recuerdo. Una tarde, yo estaba solo en la oficina que nos había dado el canal, revisando unos archivos, cuando llegó X de la calle. X era estudiante de la UPC y trabajaba como asistente de Producción en el mismo programa que yo. No éramos amigos ni nos llevábamos muy bien. Pero, por lo menos, podíamos conversar de vez en cuando. Esa vez, al levantar la cabeza para saludarla, la vi tensa, nerviosa, al borde de las lágrimas. La solución inmediata es un abrazo consolador, pero, ya les dije, no nos teníamos la confianza suficiente como para eso. Le alcancé un vaso de agua y, mientras bebía, le pregunté si se sentía bien (pensé que si iba de frente al ¿qué ha pasado?, podía mandarme a la mierda sin mayor trámite). Me contó que estaba en el bus, yendo a la oficina, cuando sintió que alguien rebuscaba su cartera. Descubrió a su lado a una mujer y dio un paso para apartarse de ella. Un momento después, la mujer se acercó e intentó lo mismo, y X le increpó algo así como Señora, qué le pasa. Entonces la mujer levantó la voz y dijo Ah, claro, como tú eres blanquita, no quieres que nadie se te acerque. X le respondió, también en voz alta, Pero si usted quería meter la mano en mi cartera. La señora contestó ofendida y empezó a gritar. Ahí X se dio cuenta de que aquella señora no había subido sola al bus, y que sus amigas o primas o hermanas le gritaban también. Hasta ahí yo entendía su fastidio. Entonces, X me contó que gritó, la voz quebrada ya, algo así como Cállense, cholas de mierda. El bus entero se le fue encima. Tuvo que bajarse a la mala, en un paradero cualquiera. Y yo contuve todas mis palabras comprensivas y me senté a seguir revisando archivos. A aparentar que revisaba archivos, en verdad. Porque no podría pensar en otra cosa. X decía que era una reacción inconsciente, impulsiva. Pero eso no quita gravedad al asunto. Me da la impresión de que X tuvo siempre en cuenta ese detalle (que ella y la señora no eran iguales) y que, por cordura, procuró pasarlo por alto (incluso cuando fue provocada), hasta que no pudo más. Es saludable que su educación le haya hecho entender que el racismo es malo y que, peor todavía, se ve mal, pero estas reacciones demuestran que el efecto se limita a un nivel superficial, propio de las convenciones. Es decir, sabe que está mal, ha entendido que está mal, pero eso no ha modificado sus ideas y prejuicios más remotos, que quizá descansan en algún lugar de su subconsciente. El verdadero problema es que, en situaciones extremas, estas pulsiones salen a flote y nos demuestran qué tan lejos estamos de ser aquello que decimos ser.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

En este tiempo de sana y santa reflexión puedo declarar llena de alivio; que este, por lo menos...no es mi pecado. Tengo muchos, claro que sí!!pero la discriminación racial no es lo mío...Gracias eh!veo que no soy tan mala cómo lo siento a veces...
i.....m.....

Lime dijo...

Me doy pena. Yo reacciono así con la gente que no tiene educación. Me doy pena, porque no es su culpa.

):

Anónimo dijo...

el racismo es la espina y no la raiz. tenemos empolvados y relegados a los pobres valores al ultimo rincon de nuestra conducta. Por ello tanta mierda existente. si insistimos en este divorcio, estaremos jodidos a seguir repitiendo historias como los de la señorita X, tan lamentables como los de la señora choripan y eX aspirante a un oscar por la academia.


AQP.

Anónimo dijo...

hay muchas, demasiadas señoritas X en la UPC (trabajé ahí)