martes 3 de noviembre de 2009

Septiembre once

Tenía cinco años cuando hice mi única promesa de amor. Lourdes, le dije, yo me voy a casar contigo (pensé también en los hijos y en el trabajo pero no quise asustarla). Ella se molestó, creo, o se burló de mí, no lo recuerdo bien.
No nos volvimos a ver. Han pasado quince años y he decidido ir a buscarla. Quiero que se dé cuenta de que, con el tiempo, me he puesto guapo y ya no ando por ahí rogando cariño. Quiero aprovechar que no me conoce ni conoce a nadie que me conozca y así puedo ser con ella como no he sido antes. Quiero morir tranquilo, pues ayer soñé que me iba a morir. Y hoy en la tarde, después del almuerzo, soñé que me casaba con Lourdes. Quiero invertir el orden y hacer algo bien para irme. Determinación, coqueteo, entereza, inteligencia, inventiva, felicidad. Esas cosas que tanta falta me hicieron.

sábado 31 de octubre de 2009

Para evitar ataques de furia, enfrentamientos estúpidos, declaraciones de amor y todas esas cosas de las que uno termina por arrepentirse

Pregúntate primero si vale la pena.
¿Ya ves que no?

jueves 22 de octubre de 2009

Para sobrevivir esta tarde

Quítate tú
Willie Colón & Héctor Lavoe
Panamá, 1973
Señora Lola
Willie Colón & Héctor Lavoe
Puerto Rico, 1973
Sonero Mayor
Willie Colón & Héctor Lavoe
1971

miércoles 21 de octubre de 2009

Todo está escrito

Esa noche nos conocimos, bailamos, conversamos y salimos casi huyendo del bar. Grande fue mi sorpresa cuando, al desnudarla, vi mi nombre tatuado en uno de sus muslos: Santiago. Más tarde, la fecha de mi cumpleaños grabada en su relicario: 7 de marzo. Al amanecer, un par de zapatos viejos bajo su cama, que me calzaban perfectamente:43. Al salir tuve la impresión de que alguien había engañado a esa mujer haciéndose pasar por mí, imitándome. Sin embargo, para ella -que lo había amado tanto y tan desesperadamente- yo era la estafa. Y me aceptó con la esperanza de encontrar en mí algo -qué importa si vago o imperceptible- que la hiciera traerlo de vuelta.

viernes 16 de octubre de 2009

De los desconfiados

Esas personas que han soñado toda su vida con humillarte o abandonarte o asesinarte y que, mientras esperan la gran oportunidad, te abrazan, te halagan, hasta parecen quererte.

miércoles 14 de octubre de 2009

Los placeres del hombre maduro (que estudia, trabaja y tiene muchas cosas que hacer)

Es cuestión sorprendente observar cómo se vuelve uno más frugal y complaciente consigo mismo a medida que asume más responsabilidades y gana más dinero. Ese dinero servirá para desaparecer temporalmente algunas deudas (que no tardarán en volver) y algunos gastos menores como la pensión de la universidad, el recibo de internet, los pasajes y la comida. Las fiestas cansan, las discotecas aturden, las cenas importantes aburren. No hay televisor y se dispone de la computadora a partir de la medianoche (tecleando despacio y sin hacer bulla con los pies). Los almuerzos de la familia extensa, que antes mejoraban el ánimo, ahora pueden desahuciarlo. Esas cosas ya no interesan, en realidad. El hombre maduro ha encontrado las manifestaciones de lo Trascendente y se recocija no sólo en ellas sino en el montón de idiotas que, teniéndolas tan cerca, no han podido descubrirlas todavía. El dinero, la agenda recargada y la cantidad de amigos circunstanciales son distractores. Las comidas, las fiestas, los viajes, esas ya son alucinaciones. Los verdaderos placeres del hombre maduro son aún todavía más sublimes (y módicos). Se cuentan entre ellos, por ejemplo, que los audífonos del reproductor Mp3 no se malogren a media canción. También podemos mencionar los quince o veinte soles que uno se gasta apenas recibe el sueldo: helados grandes, hamburguesas, empanadas. El hombre moderno, contemporáneo, aspira a lo verdaderamente bueno, a lo bueno en sí. Llegar a clases y recibir la noticia de que un profesor se enfermó y no podrá venir y tu podrás ir a casa y dormir, exactamente, una hora y veinte minutos más. Hacer una pausa entre el trabajo y la universidad, llegar a casa y quitarte los zapatos (que, de otro modo, ahogarían tus pies durante dieciséis horas seguidas). Comer caliente, humeante, servido directamente de la olla. Quedarse, por algún inexplicable motivo, todo el día en piyama. Encontrar buses con asientos disponibles y, mejor aún, con asientos disponibles cuyos respaldares permitan dormir durante cualquiera de los viajes diarios. Bañarse a tiempo, cagar tranquilo y sin presiones. Conjunto de pequeños triunfos que arrastran a los hombres contemporáneos al fin de semana, a la quincena, al fin de mes. Y así. Así.

martes 6 de octubre de 2009

No voy a estar unos días.

martes 29 de septiembre de 2009

El Once

martes 22 de septiembre de 2009

Malditos exámenes parciales

Semana del 21 al 25 de septiembre.

sábado 19 de septiembre de 2009

Una cita previsora

No quiero que nadie llore
si yo me muero mañana.
Señores, no traigan flores:
para mí no quiero nada.
Willie Colón & Héctor Lavoe